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jueves, 10 de marzo de 2016

Marafariña: La magia de lo infinitamente hermoso

Un buen día me hice seguidora en Facebook de la biblioteca de un  pueblo cercano. No recuerdo bien el motivo, creo que fue buscando su horario de apertura.

En mi muro apareció un tiempo después una foto de una chica joven que estaba besando un libro como una madre besaría a su bebé recién nacido.

Me quedé un rato mirándola, divagando sobre la pasión que la literatura puede desatar, que engendra en tantas personas. Ese amor casi maternal que relucía en los ojos de la autora.

Y otro buen día, visitando la biblioteca curioseando todo como acostumbro hacer en esos lugares, vi el libro y lo reconocí por lo verde de su portada.

Parecía gordo, lo cogí y comprobé que pesaba. Me suelen gustar los libros bien hermosos, entrados en carnes, o en páginas, más bien.

Así que me puse a ojearlo y a leer el principio. Era bien hermoso también por dentro. Es decir, me gustó lo que leí, me gustó tanto que no lo olvidé, que lo estuve buscando y finalmente compré el ebook.

Y al fin, pude conocer a Ruth y a Olga, enamorarme platónicamente de Mario,  pude meter los pies en las frías aguas del río, pasear por la playa y perderme en el bosque de Marafariña. Porque leer el libro es casi como estar allí.  Estar en un lugar con la magia de lo bello.

El libro tiene una historia que contar y una mano maestra que sabe escribirla, darle vida sobre el papel. Dos cosas fundamentales en toda novela que se precie. 

Las diferentes historias de amor que aparecen en el libro son creíbles, reales, están bien narradas. El romance para mí es el punto flaco de muchas novelas, algo que parece realmente difícil de plasmar, incluso para autores con fama y prestigio reconocidos.

Se sumerje en la intimidad de los personajes de modo que podemos meternos de lleno en sus mentes: en sus miedos, en sus anhelos y hasta en sus sueños. Las escenas onirícas se me hicieron especialmente gratas e  interesantes. 

El tema de la fe, de las creencias, está tratado de un modo valiente, sincero. Al principio dudé si divagar sobre este tema, para mí tan complejo, aquí. Pero tras meditarlo un poco decidí atreverme.  La fe no moverá montañas pero crea conflictos de modo constante, conflictos en el interior de la mente de las personas y en las relaciones entre ellas. No quiero desvelar más de la cuenta pero nos introduce en un mundo cercano y desconocido a la vez, de una comunidad de  personas aparentemente felices con su religión. Pero, ¿es realmente así? ¿ O hay personas que simplemente se dejan arrastrar por la corriente? ¿ Puede haber además gente que en ese entorno deje de creer, que decida convertirse a otra religión o simplemente ser agnóstico? Son dudas que me surgieron durante la lectura. 

Volviendo al libro, me recuerda un poco al realismo mágico. Es muy descriptivo, lo que te permite involucrarte en la historia con profundidad. Y la forma de expresarse de su autora es maravillosa, en mi humilde opinión. Tiene un aire antiguo, añejo, que deja buen sabor de boca. 

Pero no es un libro para todo el público, es un libro que puedes adorar o que te puede disgustar. Creo que no todos pueden entender algo así ni disfrutarlo. No es el típico que al acabarlo piensas: Bueno, no está mal. Y sigues con tus cosas para olvidarlo a los cinco minutos. No es un libro que te deje indiferente.  

Lo que más me gustó es la visión que da de Galicia, como el paraíso que puede llegar a ser, que en realidad es, pero que tantas veces despreciamos. Es casi una oda a esta tierra. 

En una sola palabra, es magia.

Y esta es la historia de como descubrí 'Marafariña', de Miriam Beizana Vigo. Fue por casualidad, como tantos otros libros maravillosos que llegaron a mis manos.

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