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martes, 20 de septiembre de 2016

El grito de los murciélagos, de Jesús Carnerero


'El grito de los murciélagos, de Jesús Carnerero, es una de mis últimas lecturas. Un libro que devoré en unas pocas horas a pesar de su aparente complejidad. La obra ya solo por su título me atrajo. Si a esto le añadimos que se describe como las desventuras de un autor indie y que tiene un punto de novela negra,  era visto que tenía que leerla. Con esta novela, además, me pasó algo curioso, dos cosas en realidad.

La primera es que con este autor cometí una injusticia, no sé si grande o pequeña. Tuve durante meses una de sus obras, 'La bruma', en mi kindle sin leerla. Me había hecho con ella en una promoción que hizo el autor y que descubrí a través de las redes. Pero siempre me contactaba algún autor nuevo o descubría algún otro libro por mi cuenta y fui dejando de lado esta novela, sin olvidarla del todo, pero sin ponerme con ella. Y tengo que admitir que ahora mientras comienzo esta entrada todavía no la leí, pero pienso redimirme leyéndola pronto.

La segunda curiosidad tiene que ver con la esencia, con el alma del libro, es decir, con lo que me dice a mí como lectora. Esto no es necesariamente lo mismo que el mensaje que quiere mandar el autor al escribir, aunque a veces coinciden. Como explicaré al final, en este caso me costó encontrarlo. Hay veces que incluso no consigo captarla, que el libro no me dice nada y entonces sé que no es un libro para mí.

La novela y el propio estilo del autor se me hacen oscuras, pero no desagradables. Su prosa no suaviza esta negrura con lirismo o poesía en exceso y en ocasiones la lectura se torna dura. Pero no es gore ni molesta, puesto que tiene el punto justo de detalles escabrosos. El ritmo no me parece el típico de novela negra, sino que es casi costumbrista. Explica con cierto detalle y calma la vida, el día a día, de los personajes y se explaya en diálogos largos y  profundos. La narración es bastante lineal; con algún pequeño salto hacia el futuro, pues se cuenta en pasado, y muchas regresiones a lo acontecido anteriormente a los personajes, necesarias para entender dónde se encuentran ahora.

Algo que me llamó bastante la atención es que, tras leerla entera y releer fragmentos, no sé el nombre del protagonista, del chico que narra esta historia en primera persona. Ni se le escapa nunca a ninguno de los otros personajes ni recuerdo que el narrador se refiera nunca a sí mismo por su nombre. Me da la impresión de que esto no es casual y estuve especulando un rato sobre ello, pero no tengo idea en realidad de lo que se esconde tras un detalle tan significativo, si es que hay algo.

Creo que es una de esas historias que cuesta contar, que lleva su tiempo y su sufrimiento. Porque es negra sí, pero también muy intimista en su estilo. 'El grito  de los murciélagos' despierta emociones  en el lector de modo casi inevitable.  Yo me puse desde el mismo principio en la piel de nuestro protagonista, deseando saber más de él, imaginando que pasaría a continuación. Sin embargo, la trama no es muy predecible, intuyes cómo será el final pero no con certeza. Y sorprende bastante lo que va aconteciendo a sus personajes.
           
La novela se estructura en un prólogo, 7 capítulos sin título, únicamente numerados y una nota sobre el autor. El prólogo está firmado por otra escritora, Miriam Beizana, cuyas obras tengo el privilegio de conocer y comentar en este blog. Contiene también un par de citas, una de ellas sobre el sistema de ecolocalización de los murciélagos, que fue clave para mí, por cierto.

La portada es especialmente bonita y atrayente. Da la impresión de ser esa puesta de sol, ese momento en que asoman las estrellas y  los murciélagos echan a volar, aunque tal vez me equivoque y tenga otro sentido que se me escapa. Pero aún sin entenderla del todo, no puedo ignorar su belleza.

El protagonista, y narrador,  es un escritor indie, un autor autopublicado que, junto a su novia Marina, publica en Amazon sus colecciones de relatos. Su novia, unos años menor que el personaje principal, es ilustradora y le hace las portadas. Además trabaja dando clases y haciendo ilustraciones y portadas para otros escritores, entre otras ocupaciones. Él malvive como camarero, profesión  que parece no acabar de gustarle. Se trata de dos luchadores, una pareja fuerte y sólida que permanece unida en la adversidad. Pero Marina es más alegre y optimista, tal vez incluso más sensata. Nuestro protagonista es pesimista y tímido, rasgos que en ocasiones le crean problemas. Al hablar da la impresión de que duda constantemente y titubea, sus intervenciones en los diálogos están llenos de puntos suspensivos y muchas veces corta la frase a la mitad, cosa que no sucede con los demás personajes.

Oliver es el jefe del restaurante donde trabaja. Es un jefe atípico, un amigo para nuestro autor, el primero al que le confiesa que es escritor. Un día le ofrece un horario más flexible para que pueda escribir, propuesta que creo que pocos jefes llevarían a cabo. Y ahí empieza todo, porque  entonces irrumpe un viejo amigo en la vida del autor, Víctor. Él, que en principio solo quería escribir, se ve arrastrado por una especie de obsesión con su amigo. El amigo dista mucho de ser ejemplar.  En varias ocasiones se acopla en casa del protagonista aún sabiendo que es una molestia para ellos y motivo de discusiones entre la pareja.

Víctor es uno de los ejes de esta  novela. En él toma cuerpo uno de los temas principales de la historia, el paso de la niñez a la edad adulta, no siempre fácil, no siempre correcta. La frustación y la enfermedad mental tienen también su peso. El autor la trata sin remilgos, con crudeza incluso, la desnuda tal y como es. Se produce un contraste marcado en los diálogos entre el aparente aplomo y seguridad de Víctor, que es incluso arrogante, y el carácter más resevado, tímido e inseguro del protagonista. Los diálogos entre ambos tienen mucha fuerza.

Destacar también entre los personajes a Lola, una camarera muy joven que sufrió una relación tormentosa en el pasado y que saldrá un poco malparada en el amor de nuevo. En Lola, creo yo, se torna material otro de los temas importantes: la amistad. Aunque en principio parece que la temática de la amistad  recae más en Víctor, el personaje de Lola es clave para entender algunos aspectos de la relación entre los dos chicos. Y también para comprender la visión de esas relaciones  y la importancia que tiene la amistad para el protagonista.

El principio de la historia es, en mi opinión,  uno de sus puntos fuertes. Ya el título es enigmático y te hace preguntarte por qué se llama así la novela, pero el inicio te mantiene con la tensión correcta durante toda la trama. Hay varios interrogantes que no acaban de resolverse hasta el mismo final ¿Cómo llega el protagonista a la situación que se nos presenta al inicio? ¿Qué tiene que ver con el grito de los murciélagos? Durante la lectura se plantean también muchas preguntas, algunas no resueltas. ¿Conseguirá nuestro protagonista escribir al fin su novela? ¿Podrá vivir algún día de escribir? Pero las cuestiones fundamentales, en las que yo me encontré en el libro y que me llevaron a descubrir su esencia son otras.

Tardé bastante en captarlo y no fue durante la lectura, sino luego al divagar sobre ella para escribir el comentario. Esa interacción entre lectora y libro, eso que yo llamo alma, se contestó con dos preguntas: ¿Por qué gritan los murciélagos? ¿Qué tiene eso que ver con escribir o ser escritor? Esa es para mí la respuesta valiosa.  No os lo voy a desvelar, ya os di una pista muy importante. Si queréis descubirlo, adelante. Leed, y sobre todo, dejaos empapar por el mensaje de sus letras. Escuchad a los murciélagos chillar después de anochecer. 

Y como acostumbro os dejo con un par de frases que me llamaron la atención, entre muchas otras:

"¿Qué otro fin buscaba yo que no fuese que me leyeran?"

"Hasta de los peores ratos de la vida, de esos tan bajos, oscuros y malolientes que piensas que jamás te librarás de ellos ni los dejarás atrás, hay que sacar al menos una ínfima pizca de luz, de combustible para progresar: "




lunes, 5 de septiembre de 2016

Fragmento 3 de 'Viviendo en punto muerto'

Raúl se cansaba de estar en casa, eran las seis de la mañana y andaba de un lado a otro. Iba del salón a la cocina, de la cocina a su cuarto y le daba vueltas a la casa una y otra vez, angustiado y nervioso. No entendía que le estaba pasando, ni siquiera era consciente de que algo iba mal. Las ideas corrían atropelladamente, su mente iba de un pensamiento extraño a otro todavía más perturbador. Parecía un prisionero, un ratón en un laberinto.

Había perdido su móvil unas cuantas veces esa noche, no era capaz de recordar dónde dejaba las cosas. Su amigo Carlos le había llamado hacía horas para ir a tomar algo pero Raúl le colgó el teléfono sin siquiera despedirse. Solo quería dormir pero era incapaz de estar quieto el tiempo suficiente para conciliar el sueño. Se tumbaba en la cama, daba un par de vueltas y volvía a levantarse.

Su padre llegaría por la mañana muy tarde. Lo sabía de otras veces. Se había ido a cenar con unos clientes. El chico prefería no saber que hacía después.

El malestar aumentó de golpe, mientras estaba en el baño de su cuarto. Comenzó a sudar frío y a temblar. Además le empezó la taquicardia.  Abrió el grifo y se lavó la cara, se puso la mano mojada en la nuca y luego en la frente. Mientras las gotas de agua resbalaban por su rostro se repetía una y otra vez que no era nada, que se pasaría solo al cabo de un rato.

En los últimos meses le había ocurrido en varias ocasiones. La angustia le atrapaba para luego esfumarse dejándole agotado, pero esta vez no fue así.

lunes, 22 de agosto de 2016

Futu.re, de Dmitry Glukhovsky


Hay muchos libros que descubro por pura y simple casualidad, azar o como se le quiera llamar. En este caso, lo llamaré suerte y de la buena. Me encanta la ciencia ficción, tanto en forma de libro como de película y leo bastantes libros de este género. Pero entre  todos esos libros pocos hay capaces de hacerme reflexionar, de dejar una huella, por pequeña que sea, en mí. Lo que os traigo hoy es una de esas escasas excepciones. Se trata de Futu.re, de Dmitry Glukhosky, que me ha recordado mucho a la película "Blade Runner". He leído que tal vez esta novela sea llevada también al cine y me gustaría mucho ver esta historia en la gran pantalla.

Y recordando precisamente esta maravilla de película, "Blade Runner", me doy cuenta de que hace ya años que se han generalizado los futuros distópicos, los mundos del mañana que lejos de ser perfectos y superdesarrollados, son realidades más creíbles. Esta tendencia, tal vez ha sido influida por "Sueñan los androides con ovejas electricas" de Phillip K. Dick y sobre  su adaptación parcial a la gran pantalla; y ha dado, para mí gusto, muy buenas obras de ciencia ficción. Ese futuro que dista mucho de ser ideal, ese mundo opresivo, viejo y desalentador aunque con una tecnología avanzada; tiene aún hoy en día un claro reflejo en las series, libros y películas que se van  estrenando. Futu.re se narra en  uno de esos mundos ficticios del mañana, con una importante dosis de realismo crudo y grandes temas de actualidad, aunque muchos de ellos tan antiguos como el ser humano.

La acción se desarrolla en  el mundo del siglo XXV, en una Barcelona futurista, donde la gente vive apiñada en torres enormes de edificios. El agua de la vida, repartida en toda Europa, hace que las personas no mueran;  pero esto, obviamente, origina otros problemas en un mundo superpoblado y con escasez de recursos. Por ello, quién desee tener un hijo deberá administrarse una inyección para morir. Para evitar que la gente se escaqueé y tenga descendencia sin pagar ese precio, existe la Falange, los llamados Inmortales. Son un cuerpo armado que administra el suero de la muerte a los renegados, a los que se  niegan a cumplir esta norma.

La historia se narra a través de Yan, un inmortal que un día recibe el encargo de administrar el suero al líder de un partido político que lucha contra el sistema establecido, en particular,que propugna que la gente tiene derecho a reproducirse sin tener que morir. Yan narra en primera persona y con bastante realismo y crudeza los avatares de su trabajo y de la propia vida en ese mundo del futuro. Se ve una evolución en el personaje, que no puedo describiros sin desvelar por completo el argumento y chafaros el libro, pero sí decir que al final de la novela nada o muy poco queda del Yan altivo y un tanto arrogante que comienza esta historia. Sin embargo, hay aspectos del personaje que se mantienen en toda la trama y que son clave para entender el libro.

Además de Yan, que es el narrador y protagonista absoluto, la cantidad de personajes secundarios es bastante numerosa, hay tantos que me es imposible destacar a ninguno. Entre ellos hay políticos, otros Inmortales, científicos, inmigrantes ilegales y un largo etc.

Entre los muchos temas importantes y de máxima actualidad que trata el libro está el derecho a la vida y  la integridad, la inmigración, la sobreexplotación de recursos, el aumento incontrolado de la población humana y lo que más me llamó la atención, el derecho a morir. Es un libro que nos hace reflexionar sobre la necesidad de la muerte, lo que podría pasar si fuesemos inmortales. Y reflexiona también sobre el abuso de los poderosos sobre los más débiles. Refleja aspectos de la sociedad como la política y la corrupción dentro de ella.

No quiero desvelar demasiado, sólo comentar que tanto el final como toda la trama son impactantes y están realmente logrados. A pesar de su falta de lirismo, la prosa de Glukhovsky logra realmente trasladarnos a esas situaciones que describe. Si bien estilo del autor es poético en ocasiones, me resulta muy poco convencional. El ambiente descrito  es opresivo, inquietante y hasta mareante en ocasiones. En mi opinión, los escenarios ficticios que se recrean son una parte muy importante, pues crean las emociones necesarias en el lector para que se comprenda el mensaje que trata de transmitir.

El concepto de la muerte es tal vez lo más sobresaliente de la novela. Es algo que debéis descubrir por vosotros mismos. Pero para mí, el mensaje que se lee entre líneas está muy claro. Habla, fundamentalmente, de la muerte y de las consecuencias del orgullo y la testarudez humana, de la fatalidad de tratar de ir en contra de nuestra naturaleza. Tiene  un parte de ciencia y aspectos tecnológicos, como todo buen libro de ciencia ficción, pero es más importante quizás la parte filosófica. Se plantean además temas religiosos y espirituales, de dónde venimos y a dónde vamos y como nos perdermos por el camino, como vida y muerte se entrecruzan.

El principio del libro es  poco usual, como toda la novela. Para mí este inicio es en realidad una metáfora, si queréis descubrir a que me refiero, os animo encarecidamente a leer esta obra.
"El ascensor es una cosa excelente, ya lo creo. Ofrece múltiples motivos de admiración.
Haciendo un viaje en horizontal, siempre sabes adónde llegarás.
En cambio, trasladándote en vertical, puedes acabar en cualquier lugar."

Y, para terminar,  un par de frases interesantes también del principio:
" Vives como una cucaracha de a pie, batallando: recorres las trincheras de las paredes y los suelos agrietados."
"¡El alma ya no la utiliza nadie!"


martes, 16 de agosto de 2016

En el punto de mira, de Arantxa Rufo

Uno de mis géneros predilectos es la novela negra, y en general las historias de policías y detectives, donde tanto se materializa la eterna lucha del bien contra el mal. Sin embargo, he leído pocas de autores independientes. Será porque descubrí lo indie hace apenas unos meses y pocos libros de estas características que me resultasen atrayentes llegaron a mis manos.

Hace unas semanas llegó a mi 'En el punto de mira', recomendado por su propia autora, Arantxa Rufo.  Leí la sipnosis y descargué la muestra, lo que suelo hacer cada vez que alguien contacta conmigo. La sinopsis no llamó demasiado mi atención, pero cuando días después me decidí a leer la muestra supe que debía hacerme con el libro. Fue el prólogo, en segunda persona, y que mete al lector directamente en la mente del personaje, de una de las víctimas en este caso, lo que me incitó al fin a leer la novela. El estilo de la autora y su manera de narrar  en el siguiente capítulo fue también un aliciente importante.

La novela se estructura en un prólogo, cuarenta y ocho capítulos y dos epílogos, siguiendo a alguno de los personajes principales. El narrador es omnisciente en todo el libro, tanto la parte del principio que emplea la segunda persona, dirigiéndose directamente al lector, como el resto de la novela, ya en tercera persona. Cada capítulo se titula con un número, una fecha y hora y la localización. Un detalle muy de película, si bien todo el libro y la forma de contar la historia recuerdan al séptimo arte. La distribución de los capítulos me pareció  también cinematográfica. La escritora trabaja por escenas y corta la narración en el momento justo generando la tensión suficiente para que el lector quiera seguir leyendo.

 La acción transcurre mayoritamiente en Londres y los escenarios están bastante bien descritos, para lo que es necesario en un libro de este género. Se puede apreciar que la autora conoce los lugares y se molestó en imaginarlos convenientemente y documentarse. La documentación y el trabajo también se nota en las descripciones sobre las acciones de los protagonistas. Detalles del trabajo policial y de la forma de actuar de la asesina a sueldo a la que persiguen. Además, la obra tiene parte de romanticismo y describe un poco la vida familiar y con amigos de sus personajes. La novela consta de unas 459  páginas, lo que a algunos puede parecerles largo, pero yo creo que ni sobran ni faltan, sino que se ajustan bien a lo que pide la historia que en ellas se desarrolla.

En cuanto al tiempo, es lineal y la acción  transcurre en un par de meses, del 20 de mayo al 12 de junio,  pero hay alusiones a acontecimientos del pasado necesarios para entender el resto de la narración. El narrador va siguiendo tanto los pasos de la francotiradora, Kathleen Addams, como del inspector encargado de cazarla, Daniel Ryman. Para mí, ellos son los protagonistas de la novela. Ambos son peculiares, ya que ni Daniel es perfecto (aunque en ocasiones lo parezca) ni Kat es la típica asesina a sueldo psicópata y perturbada a la que es fácil odiar. En cambio, es muy sencillo empatizar con ella, entenderla y hasta desear que no salga mal parada. Ya es extraño de por sí que la protagonista sea una mujer, más que sea francotiradora; pero el carácter de Kathleen me pareció también peculiar. Aunque es reservada, consigue dar una apariencia de extroversión en ocasiones. Su autocontrol y su capacidad para la interpretación, necesarios muchas veces en su trabajo, son admirables.  Daniel es un policía astuto, obsesionado con su trabajo, que conoce su oficio y va a poner en aprietos a nuestra protagonista. Ambos, asesina a sueldo y policía,  tratan de hacer  justicia, a su manera y con sus propias armas y habilidades. La eterna lucha entre el bien y el mal de la que hablaba al principio parece no ser en este caso el nudo central de la historia. Está presente, pero ¿quiénes son los buenos y, sobre todo, quiénes son  los malos?

Otro de los personajes fundamentales es Jason Cole. Se trata del compañero de Kathleen, un hacker que le facilita mucho sus misiones como francotiradora y con el que tiene una empresa de seguridad informática que les sirve de tapadera. Mantiene con él una relación que va más allá del compañerismo o la amistad, ya que son amantes ocasionales y Kat sabe que Jason está enamorado de ella. Todo se complica cuando Kat se encuentra  a Daniel en una fiesta, tras el divorcio de este, y sienten de nuevo la atracción entre ellos. Kat no sabe que él es policía y mucho menos el encargado del caso de su último trabajo. Un trabajo en tres partes, con dos víctimas más de las que tiene que ocuparse, que se complicará mucho a partir de entonces.

Los personajes secundarios también aportan mucho a la historia y muchos de ellos son imprescindibles. Tienen cada uno su propio carácter bien definido. Así, entre ellos tenemos a policias, a descatar el compañero de Daniel, el teniente Saunders. Saunders es un mujeriego pero también sabe hacer su trabajo. Sin embargo, ¿es Saunders un compañero leal? Además está la agente especilizada en informática a la que Daniel pide ayuda, Jennifer Crewe. No es que su papel sea muy relevante en la historia, pero es de mis personajes favoritos por su caracterización. También el  hermano de Daniel, Aaron, y su esposa Deborah, que es amiga de Kat, me parecen destacables. Aunque sus papeles son más cortos, ambos tratan de hacer de casamenteros entre nuestros protagonistas, lo que constituye una  parte importante de la historia. Otro personaje que me llamó la atención es el traficante que provee de armas a Kat, el carismático y misterioso Veyron.

Con esta trama, un argumento con muchos giros inesperados, es lógico que el libro enganche, pero más que eso es la humanidad que la autora consigue dar a los personajes y la empatía que se siente con ellos lo que te mantiene pegado a sus letras. Se sufre con ellos y se viven sus aventuras.

El principio y en general el desarrollo de la novela me encantó y, para mí , quizás lo menos destacable fue el final. Está bien, es correcto y mantiene al lector en tensión. Tampoco es algo que se vea venir claramente, pero desde la mitad del libro tienes la sensación de que tiene que acabar así.  Está bien narrado y construido y además se adecua perfectamente a la trama, pero como lectora esperaba otra cosa, otro giro inesperado tal vez.  Me dejó cierto regusto amargo y esto es algo puramente mío y personal, que tiene más que ver conmigo que con la propia obra. A otra persona quizás le encante tal como está. Sin embargo, algo bueno de este final en dos epílogos es que deja la puerta abierta a una posible continuación de la historia, o a que el lector se imagine como podría ser. Sinceramente, me gustaría que hubiese esa segunda parte y la leería con agrado. El libro termina en el momento justo y la historia, a pesar de mis impresiones, tiene un final lógico y que no decepciona.

Como conclusión diría que la autora maneja con acierto los tópicos de la novela negra y de la romántica y consigue una obra entretenida y agradable de leer. Es muy recomendable si os gusta lo policíaco, casi negro,  y no os disgusta lo romántico. Su ritmo trepidante en ocasiones se acerca al thriller y tiene la dosis adecuada de suspense.

Os dejo un pequeño fragmento del prólogo, que fue la parte que a mí más me llamó la atención:
"El frío va remitiendo, por fin. Ya no sientes nada y el mundo se vuelve negro. Te repites, una última vez, que esto no puede ser verdad."

martes, 9 de agosto de 2016

Recopilación de textos cortos


"Hiciste castillos en el aire, venciste dragones, creaste dioses y demonios que te atemorizaban y te olvidaste del mundo por encerrarte en ti misma. Yo levanté un pequeño refugio, voy venciendo uno a uno mis temores, creo iglesias para demonios cuyo altar era mi cuerpo, dioses cuya catedral eras tú y por encerrarme en ti recordé de nuevo el mundo. Pero, ¿qué importa? De nada sirve la luz a quién no quiere ver "

"Hay imposibles que conseguimos a diario. Estar contigo y no tocarte. Pensarte cada segundo y fingir que te he olvidado. Colarme desnuda en tus sueños y asustarte, a pesar de todo. Hay posibles que nunca podrán ser. Coger tus manos de nuevo. No temblar ante el roce de tu piel. No decirte que esto se hunde, que se acabó y no hay más... Pero aquí me tienes, a tu lado. Aunque ni siquiera me escuches. Aunque no sepas que mis frases cansadas, mis versos agotados, mis gritos exhaustos van por ti . Aunque sea esa moneda que un día atesoraste y que hoy, oxidada, olvidas en un cajón. Aunque ya no seamos uno, ni dos, ni nada. Por eso hay imposibles que podrían ser, pero que ya han sido"

Ahora ya no sé quién soy ni de dónde vengo. Futuro y pasado son un imposible que nunca es. Hogar y lucha se han vuelto la misma palabra. Tu dolor cansado me ha ido desgastando porque hasta la roca más dura acaba herida por la constancia. Aún veo belleza y luz entre el martirio, o a pesar de él. Y tú ignoras tu propio brillo y solo ves oscuridad. Pero, ¿sabes qué? Sigo aquí y aquí seguiré."

"Todos vivimos en mundos irreales, en el país de nuestros pensamientos, nuestro sentir y nuestras impresiones. Los mismos sentidos y el cerebro con los que nos comunicamos con el exterior nos engañan muchas veces, sin que lo percibamos. Todos nos montanos películas en la cabeza, algunos sci fi, otros telenovelas. A veces vivimos en una peli de terror de serie B. A veces una comedia romántica. Y cada película, cada mundo irreal de cada mente es diferente, aunque la realidad sea la misma para todos. Tal vez por eso nos cuesta tanto entendernos entre nosotros. Tal vez por eso todo cuanto decimos o hacemos se tergiversa."

"Cuando me tiendes la mano, se detiene el dolor y se paran las ruedas del pensar. Entonces caminamos, la alegría regresa y andan las piernas del sentir."

"Tengo heridas que ladran y muerden cada noche. Cuando entre mis sueños y mis desvelos te me apareces, eres un lobo negro y blanco en mis pesadillas lúcidas. Te fuiste y te olvidé, pero nunca te acabas de marchar y siempre te recuerdo. Y cuando el lobo desgarra mi piel de nuevo ya no eres tú, sino yo, que te invoco sin quererlo. Soy quién te pone de nuevo cuerpo."

lunes, 1 de agosto de 2016

El castillo soñado

Érase una vez, hace mucho mucho tiempo, un reino muy lejano.  Estaba gobernado por un rey avaro, que temía perder el poco oro que conservaba, las joyas y ,sobre todo, su honor. Vivía con su familia en un castillo en ruinas. Su hogar se caía a pedazos por falta de cuidado.

 Un día la princesa se fue a hacer la siesta. A la hora de la cena, al ver que no bajaba, al rey se le atragantaron las humildes judías y el pan que era su sustento. Entró golpeando la puerta en el cuarto y con ello no contento, zarandeó a su hija y le gritó. Vino la reina al oir el estruendo. Le aplicó unas sales y le echó agua en la cara, pero la pequeña princesa no despertaba.

Cuando ya dormía un sueño de cien noches, pasó por el pueblo un hechicero que, de puerta en puerta, vendía sus ungüentos. El rey, preocupado, mandó al hechicero que a la niña despertara . El sabio probó todos sus trucos y ninguno funcionaba. Entonces mandaron llamar a una bruja vieja y astuta . Trajo su marmita, pero antes de empezar, dijo: es muy caro mi servicio, ¿podréis pagarme? El rey desesperado ofreció toda su fortuna. Cuando la princesa abrió los ojos, el rey se olvidó de la bruja y del hechicero. No pagó a ninguno lo que correspondía.  Y la bruja le maldijo. El insomnio fue su castigo.

Cansado de no pegar ojo, a los dos o tres días, el avaro rey recordó sus promesas e hizo llamar a la bruja curandera.
— ¿Cúal es vuestro precio? — le preguntó— pagaré lo que sea por recuperar el sueño.
— Mi precio y vuestro sueño son la misma cosa, pues vivís dormido creyendo estar despierto.
—Explicaos— rogó el rey, confuso.
—Os lo mostraré, pues todo hecho puede más que las palabras.

Y dicho esto, dejó caer al suelo una botella que al estallar formó una  nube de espesa niebla. Cuando desoejó, el castillo; con sus caballerizas, su puente, su foso, sus torres y almenas; desapareció ante sus ojos. Y vieron que vivían en una cuadra. El rey miró perplejo alrededor y luego a sus ropajes, que se habían tornado andrajosos.
—¿Qué encantamiento es este? ¿Qué habéis hecho, bruja?
— Devolveros al lugar que os corresponde—dijo la bruja revolviendo en sus hechizos. Ahora podéis dormir tranquilo.

Y en medio de una nube de humo, la bruja se desvaneció.

El rey se mandó a los caminos a sus soldados más leales hasta hallar al hechicero. Cuando le trajeron a su presencia, le preguntó si podía volver a la vida su castillo. El hechicero, sacando una esfera de cristal dijo:
—He aquí vuestro castillo, en el país de los sueños— y le mostró la imagen de su desastrado hogar— pero me temo que no puedo devolvéroslo.
—¿Quién puede?
— Un soñador de corazón puro— repuso el hechicero— y ahora, si me disculpáis, tengo mucho camino por andar.

El rey volvió apesadumbrado a dónde otrora estuviera su castillo. Y contempló con regocijo que allí de nuevo se encontraba. Entró en la propiedad armando gran estruendo.
—¡Chist! La niña duerme, no la despiertes— dijo la reina poniendo un dedo sobre sus labios.
Y desde entonces, cada vez que la princesita despertaba, el castillo se desvanecía.
*Nota de la autora: cuento propio basado en una imagen de internet.

martes, 26 de julio de 2016

El Duque del Altozano, de Fernando Cotta



Hoy día es cada vez más complicado decidir que libros leer, así que no queda más que fiarse de recomendaciones y, sobre todo, del instinto lector. Por esos azares de la vida y de las redes sociales me topé un buen día con 'El Duque del Altozano' de Fernando Cotta. Después de que se cruzase en mi camino decidí darle una oportunidad y leer la muestra. El  libro tiene un buen comienzo, me intrigó y decidí seguir leyendo. En su inicio la historia destaca por la imaginación que desborda y algo que me llamó la atención es que el autor conoce las aves, sus nombres y formas de actuar. En simples detalles como este, además de en el castellano que utiliza, se ve la documentación y el trabajo que hay tras el libro.

Suelo huir de los libros que se autodenominan humorísticos, no me suelen hacer gracia. Es relativamente sencillo que un libro me emocione, que me enfade, que me haga llorar,... Es fácil para mí empatizar y que  me ponga , en definitiva, en la piel de sus protagonistas. Pero reírme con un libro es otra cosa y el Duque lo ha conseguido.

No es, sin embargo, un libro meramente humorístico, sino que tiene su historia y su trama bien montada. No abusa del chascarrillo,  que es lo habitual en otras obras de este estilo que tengo leído. No es humor chavacano ni fácil (al menos; no siempre, algo hay intercalado entre chistes y retruécanos más originales) sino que se me hizo divertido, fresco y alegre, hasta elegante en ocasiones. Pero con su necesaria dosis de romanticismo.

 Me ha gustado la forma de narrar y sobre todo los dialógos.  Me ha recordado a mi época en el instituto, estudiando literatura del Siglo del Oro y también a los libros del Capitán Alatriste de Peréz-Reverte. Sin embargo, poco tiene que ver con esos libros; ya que el tono es jocoso en ocasiones, tierno en otras.

Es muy fácil meterse de lleno en la historia y en los líos en que el desventurado mirlo se ve envuelto sin quererlo. El tiempo en la novela es lineal, sigue siempre a su protagonista, siendo sencillo seguir la historia en este aspecto. La forma de contar y el estilo recuerdan mucho a la literatura picaresca y de aventuras del Siglo de Oro, como no podía ser de otra manera. Utiliza acertadamente el castellano antiguo, entremezclado a veces con expresiones más actuales.

En cuanto al narrador, es  onmisciente en tercera persona. Pero, en algunos momentos determinados, pasa a la primera, a la voz de uno de los personajes. No os voy a desvelar más porque tengo la impresión de que este es un aspecto importante y que debéis descubrir por vosotros mismos al leer. Algo se esconde en esta forma de narrar.

En lo que se refiere a argumento y protagonistas, el Duque del Altozano es un noble soldado de los tercios de Flandes del Siglo de Oro, valiente y mujeriego como pocos, que se reencarna en un mirlo blanco en el año 2015 para cumplir una misión divina y redimirse de sus pecados. Así, debe ayudar con sus problemas amorosos a diversos personajes. Flor, la veterinaria  que lo atiende de sus heridas al principio del libro, Lucrecia y dos de mis personajes favoritos, Yolanda Margarita y Jorge; son, entre otros, enamorados que tienen problemas para iniciar su relación amorosa ¿Lograrán con ayuda del Duque, en mirlo reencarnado,  lanzarse al fin a las aguas del amor?

Así, cada capítulo  de los diez que componen la novela se titula según los personajes que los co-protagonizan junto con el Duque. Me atrevería a decir que cada capítulo es casi una historia independiente que bien podría leerse por separado, como si de una serie se tratase. Mantiene, sin embargo, la coherencia en toda su extensión. No es una obra larga, sobrepasa por poco las 200 páginas y puede perfectamente leerse en una tarde o unas pocas horas sueltas, como yo hice por falta de tiempo.

Otro aspecto destacable para mí es la mención a diversas regiones de la geografía española que el Duque va visitando. Parte de Madrid y va volando, parando en pueblos y ciudades para cumplir sus misiones. Parece obsesionado con querer ver el mar. En su camino se encuentra tanto a humanos que le escuchan como a otros que solo le oyen piar y tiene algún divertido encontronazo con otras aves.

La trama tiene un par de giros inesperados que me sorprendieron bastante, sobre todo el final no me lo esperaba. Irrumpe Gabriel, personaje muy diferente y que  da la impresión de ser ese archienemigo que todo héroe que se precie debe tener ¿Cuáles son los malvados planes de Gabriel? ¿Conseguirá el Duque vencerle?  Os adelanto que se deja la puerta abierta a un segundo libro y que continuen las aventuras y desventuras del emplumado caballero. Espero que así sea y estoy deseando leer esa segunda parte. Así que ya sabéis, si tenéis problemas de amores, dejaos aconsejar por el Duque del Altozano, reencarnado en mirlo blanco.

Os dejo con unos fragmentos, un par de frases de las muchas  que me llamaron la atención, para que os hagáis una idea:

"Corría el año 15 del siglo XXI de nuestro Señor, cuando un negro mirlo se acercó a escuchar la melodía. A saltitos se desplazaba mientras alzaba graciosamente y giraba de uno a otro lado la cabeza, dándole armonía a los acordes de la musicalidad."

"–De manera que el bombardeo de mis fueros era cosa del destino –Pensó. Por lo que veo en cuanto se valla la damisela me pide que descargue otra buena tormenta y tan amigos. Lo que es el amor, cura y mata en idéntica proporción."

lunes, 18 de julio de 2016

Fragmento 2 de 'Viviendo en punto muerto'

Miguel estaba muy preocupado por su hijo. Raúl había dejado de jugar al baloncesto, casi no le hablaba, ni a él ni a nadie de su entorno,  y se pasaba todo el día deambulando por ahí, con los cascos puestos a todo volumen. Le habían llamado del instituto varias veces por que el chico no había ido a clase ni dado explicación alguna para justificarse. Su padre había observado que muchas veces se ponía la capucha de la sudadera por encima de sus enormes auriculares, como si quisiese aislarse del mundo. Pero no era eso, en realidad, lo que pretendía.
Raúl siempre había sido un buen chico, estudioso, deportista y amable. Miguel trataba de mantener la calma y tratarlo como siempre. No entendía lo que le ocurría, pronto cumpliría los dieciocho así que no podía ser cosa de la edad. El divorcio le había afectado, pero hacía más de cinco años de eso.
Aquella mañana de sábado, cuando Miguel despertó, el muchacho ya se había ido. Le había dejado café hecho y tostadas, como solía hacer cada mañana. A Miguel se le daba fatal cocinar. Esperaba poder hablar con él,  averiguar de una vez que le ocurría. Tal vez llevarle a pescar al río, como hacían cuando era más pequeño. Para él siempre sería aquel niño de pelo negro ensortijado y mirada perpetuamente seria, aún cuando sonreía.
-Pero es casi un hombre-se dijo- el curso próximo se irá a la universidad.
 Tal vez ir a ver un partido, o la sierra a hacer senderismo, cualquier cosa valdría. E incluso podía organizar unas mini-vacaciones.  Tal vez el cambio de aires le ayudase a sincerarse con su padre.
-Igual solo es que ha conocido alguna chica, igual solo se ha enamorado- pensó Miguel, tratando de quitarle importancia, de dejar de preocuparse.
Pero algo no le cuadraba en el comportamiento de Raúl. Miguel no sabía lo que era, pero no parecía mal de amores. Parecía como si su hijo hubiese cambiado en los últimos meses. Trató de encontrarle sentido, de recordar cualquier situación, cualquier cambio que justificase aquello, pero no halló nada.
Estaba terminado el café, aún en pijama, pensado que ojalá Raúl volviese pronto, cuando una llamada cambió sus planes. Era del despacho. Su trabajo, como siempre, le reclamaba. Y el siempre acudía.

lunes, 11 de julio de 2016

Todas las horas mueren, de Miriam Beizana Vigo


Hace meses, cuando Miriam Beizana Vigo me propuso que leyese su próxima novela, 'Todas las horas mueren', que estaba por salir, me invadió una tremenda alegría y cierto temor. Para mí era un honor que confiase en mi criterio como lectora, pero al mismo tiempo no querría tener que decirle que el libro no estaba a la altura de 'Marafariña', su ópera prima, cuya lectura disfruté tanto. Había contactado con la autora tras leer este último libro, había visto a la persona que hay tras la escritora y si algo tenía claro es que no iba a traicionar esa confianza con una mentira de ninguna clase sobre sus libros, ni aunque fuese piadosa. Cuando vi el archivo creí que  sus 150 páginas no eran suficientes para contar una historia y comencé a leer un tanto recelosa.  Pienso que si puedes contar una historia en 100 páginas no debes emplear 1000, si bien muchas historias que he leído pecan de brevedad y necesitarían incluso más páginas. Pero, tras leer el libro y en el mismo final, me di cuenta de que me había equivocado con mis prejuicios, por fortuna. Es una obra redonda, superior incluso a 'Marafariña'. Y su brevedad es una muestra más del talento de su autora. Así, cuando le di mi opinión, lo primero que me salió fue algo así como: "Has escrito un libro con alma, otro, porque Marafariña es espíritu puro."

Si de 'Marafariña' dije que no es un libro para todos sino que solo personas con una cierta sensibilidad pueden  disfrutarlo, 'Todas las horas mueren' me ha sorprendido gratamente en este aspecto. Es un libro más cercano al lector común. Incluso personas que no sean lectores voraces, sino más bien ocasionales, que no busquen más que un poco de ocio; pueden verse irremediablemente atrapados entre sus letras. A estos últimos advertirles que les hará reflexionar para bien, que no les dejará indiferentes. Y también que es muy probable que disfruten mucho con su lectura. Sin embargo, es una obra dura, que desnuda el sufrimiento de sus personajes.

Miriam mantiene su delicioso estilo en ambas obras, 'Marafariña' y 'Todas las horas mueren', que en apariencia no pueden ser más distintas. Su prosa cuidada y el intimismo la caracterizan.  Además tiene un ritmo muy bien marcado, aunque mucho más rápido en esta ocasión y que se mantiene más, es decir, en 'Marafariña' en unos momentos determinados ese ritmo pausado (que adoré) mutó en vertiginoso porque así lo requería la trama, pero en este caso no es así. Aunque con las variaciones que la historia va pidiendo, la narración es más constante en ese sentido. Mantiene también esa particular forma de narrar, de conducirnos a lo largo de todo el argumento, que tan buen sabor de boca me dejó en su primera novela. Aunque el narrador es un poco diferente en esta ocasión, alterna la tercera persona omnisciente, que predomina, con pasajes en primera persona. Además, esta segunda obra no es tan descriptiva. Deja más a la imaginación del lector, incluso juega un poco con ella en ocasiones. La lectura es mucho más ágil que en 'Marafariña', se lee más rápido porque así lo pide la historia. Yo me la leí en un par de horas nada más, devorando una página tras otra, totalmente embelesada y sin levantar la vista del texto para nada.

Es una obra corta pero que se disfruta mucho, incluso para mí que adoro los textos largos y los libros gordos. Los cuatro capítulos son manejables, de poca extensión y van numerados, subdividiéndose a su vez en escenas con un título significativo también breves. Nada que ver con 'Marafariña', que es mucho más extensa, pensaréis, si la habéis leído. Solo en apariencia, pues ambas obras tienen una estructura clara y muy bien definida, incluso similar. Ambas obras están íntimamente ligadas además. Como sin duda recordaréis si la habéis leído, en 'Marafariña', ' Todas las horas mueren' es la obra inacabada de Estefanía que su hija Olga retoma y 'Marafariña' es también un libro en el mundo de 'Todas las horas mueren', que Olivia pide a Dorotea que lea. Me ha parecido muy curiosa esta referencia entre ambas obras.

Los personajes principales para mí son tres: Olivia, Dorotea y Laura. Tres mujeres muy diferentes a las que los azares de la vida acaban uniendo de algún modo. Como ya sabéis, me encantan los libros con protagonistas femeninas. Olivia Ochoa me ha gustado por su particular carácter. Es una escritora anciana, dueña de la Cafetería Fontiña que para mí y para Olivia es mucho más que un café, como explicaré luego. Dorotea es una joven que por azar y escapando de una situación difícil recala en Fontiña,  ese pueblo donde Olivia se ha refugiado en los últimos veinte años. Es una muchacha que parece desconocer su propia fuerza y carisma obnubilada por su dolor, sus rencores y la falta de afecto que sufre.  De Laura poco puedo decir sin desvelar demasiado la trama. Laura es un personaje atormentado, tal vez el que más sufre en esta historia, y  que transciende de su propia persona, de su propia vida, para ser algo más en la mente de Olivia. Si queréis descubrirlo tendréis que leer entre líneas y con mucha atención, no os lo voy a contar porque sería arruinaros la lectura.

Tiene también unos personajes secundarios que distan mucho de ser de relleno, de ser planos,  sino que tienen su propia historia dentro de la novela y están muy bien definidos. Así, tenemos  al panadero, Manuel, que es lo más parecido a un amigo que tiene Olivia. Tomás, el mecánico, y su esposa Clarisa acogen en principio a Dorotea. Su historia no gira solo en torno a las protagonistas, sino que cada personaje tiene su vida propia. Como es tan típico de la Galicia en que vivo, todos se conocen pero sin conocerse en realidad. Todos tienen escondidos sus propios fantasmas, algo tan típico de la naturaleza humana.

La acción transcurre entre el pasado y el presente, intercalándose ambos de un modo peculiar. Solo al final se entiende realmente esta forma de tratar el tiempo en la novela. Al final todo encaja y se comprende. El tiempo es casi  un personaje más en esta obra. Los escenarios de presente y pasado son también diferentes, del Madrid de la postguerra a la Galicia rural de hace unos años. Pero, al contrario que en otras novelas que tengo leído que utilizan un recurso similar, no se tarda en saber en que lugar o tiempo nos encontramos al leer, es decir, no te pierdes. Esto facilita mucho la lectura y se agradece.

 Si 'Marafariña' tiene un halo mágico (de universo propio), si Ruth siente una conexión mística con su pequeña aldea, el pueblo gallego donde transcurre buena parte de la acción parece en principio ser el típico lugar minúsculo, apartado y con un ritmo de vida muy lento. Pero el café de Olivia es algo diferente, el café es un símbolo para Olivia. Su café es algo que la ata a su vida anterior, que es mágico para ella, tiene una conexión espiritual con él  y este significado se me escapó en un principio. Es más que un lugar de reunión, un lugar cálido con el fuego siempre presente y un maravilloso olor a café en el aire. Es el símbolo del efecto del tiempo en nuestras vidas, de nuestras obsesiones, miedos y fantasmas. O fantasma en singular, porque hay uno muy presente en toda la novela. Si queréis saber cuál es, os animo  encarecidamente a leerla.

Concluyendo, 'Todas las horas mueren' es un libro con alma, de los que no abundan y se nota que está escrito con cariño.  El libro, para mí, manda un mensaje muy claro y esperanzador, aunque no exento de tristeza. Es una obra dura y profunda, muy intensa. Es una reflexión, casi un ensayo, sobre un aspecto de nuestras vidas que hoy día tratamos de ignorar, de vivir como si no fuese a pasarnos a nosotros; pero que forma parte de ser humanos. Es una de esas novelas que te atrapa y cuya lectura te enriquece.

Os dejo con un par de frases para enmarcar de las muchas que me encontré en esta obra:
 "Porque todo muere, y las horas no son una excepción."
"Las horas muertas, todas esas horas que mueren, están llenas de tu ausencia."




lunes, 4 de julio de 2016

Azul

—Aún queda mucho azul en el cielo—me dice él, levantando la persiana. Es cómo si me leyese el pensamiento, aunque sé que eso es imposible.

Yo la había cerrado para ocultar la luz del mediodía que entra a raudales por la ventana y poder ver la oscuridad. Porque antes me gustaba el azul, pero ahora no lo encuentro. Miro sus ojos, el mar, el cielo,... Y son grises.

Me mira consternado, con una expresión preocupada. Deja en la mesilla las pastillas, junto al vaso de agua.

—¿Estás bien? Tal vez deberíamos avisar a alguien.

Me levanto con dificultad de la cama, dolorido y adormilado. Estoy como en babia todo el tiempo, con la mente lenta y el pensamiento disperso. Ya no es el negativismo, el gris de mis pensamientos.  A eso estoy acostumbrado. Es el gris del exterior lo que me preocupa.

Estos días noto que mis movimientos son también más lentos. Estoy entrando en una especie de letargo. Todo se ralentiza y el mundo, la gente y la vida misma va a un ritmo que no soy capaz de seguir. Pero lo que más me inquieta es la falta de capacidad para disfrutar.

—Estás bien, al menos estás cuerdo—dice él mientras me tomo las pastillas.

Me encojo de hombros sin saber que decirle. Estaré curado si encuentro de nuevo el azul. Vuelvo a echarme sobre la cama en posición fetal. La cordura no es gratis, como todo, exige un sacrificio. No sé si no será demasiado lo que pide esta vez. Porque si de algo disfrutaba era del mar, del cielo y de sus ojos. Y si algo me arrebató la cordura fue el azul que en mi mente los unía.